El título de esta entrada es también el nombre de un libro que el profesor trajo a los foros de la asignatura para animar un debate sobre los efectos de Internet en el funcionamiento del cerebro, la inteligencia y la memoria del ser humano. En este sentido, hay opiniones muy diversas que representan las dos caras de una misma moneda.
Por un lado, el escritor estadounidense Nicholas Carr, autor de The shallows: what the Internet is doing to our brains (título
original), presenta la visión más negativa de las nuevas tecnologías. En 2008,
dos años antes de la publicación del libro, el señor Carr escribió un artículo
muy controvertido para la revista digital The Atlantic donde confesaba
que algo estaba cambiando su en cerebro y en su forma de pensar, ya que se
había dado cuenta de que no podía concentrarse en una tarea como acostumbraba. Lo
notaba sobre todo cuando leía y algunos de sus amigos académicos también confesaron este problema. Llegar a realizar una lectura profunda de un texto largo durante
un par de horas le es ahora casi imposible y culpa a Internet y a todo el
tiempo que pasa conectado, buscando, creando y compartiendo información. “Es
como si mi mente se hubiera acostumbrado a la forma en la que la información
aparece presentada en la Web” – afirma, preocupado por este cambio en la forma
en la que su cerebro tiene de procesar la información.
Más allá de los problemas de distracción durante la lectura o de la
dificultad de mantener el foco atención debido a los “micromensajes” que
recibimos constantemente en nuestras pantallas, Nicholas Carr augura que esta
dependencia a las nuevas tecnologías nos afectará de una manera muy profunda a
la hora de poder llegar a los niveles cognitivos y emocionales (complejos,
pero a la vez muy gratificantes) que hacen evolucionar nuestra inteligencia y ser más felices.
Nos hemos vuelto más eficientes procesando información, pero menos capaces de profundizar en ella, en nuestros pensamientos y en nuestras emociones. Vean si no lo que dice en esta reciente entrevista traducida
al español.
Por otro lado, hay quienes afirman todo lo contrario
y ven, en los avances tecnológicos, una oportunidad para mejorar nuestras capacidades
cognitivas y convertirnos en seres más inteligentes. Es el caso del grupo de
investigación Pew – con sede en Washington DC – que estudia, entre otros temas,
los problemas y las tendencias actuales sobre Internet y tecnología. En desacuerdo con las ideas de Carr, el mismo año de la publicación de
su libro, el Pew Internet and American Life Project lanzó una encuesta
online a unos 900 expertos para analizar estadísticamente sus impresiones sobre
cómo influiría Internet en nuestras vidas desde entonces hasta 2020. Entre las
opciones, se incluían afirmaciones que hacían referencia directa a la pregunta tan
controvertida de Nicholas Carr, que dío nombre a su artículo en The Atlantic: "Is Google Making Us Stupid?" El 76% de los expertos encuestados no estaba
de acuerdo con la idea de que Google nos haría más “tontos”. Pensaban justo lo opuesto, que el acceso
inmediato a la gran cantidad de información nos volvería más inteligentes al ofrecernos
la posibilidad de hacer mejores elecciones. Solo el 21% de los encuestados
respondió que Carr estaba en lo cierto.
Fuente de la imagen: https://www.pewinternet.org/2010/02/19/part-1-a-review-of-responses-to-a-tension-pair-about-whether-google-will-make-people-stupid/
El periodista y escritor Carl Zimmer también defiende el lado positivo de las nuevas tecnologías. En un artículo
publicado para Discover vuelve a traer el concepto de “extended mind” utilizado
por primera vez en 1998 por los filósofos y profesores Andy Clark y David Chalmers en un ensayo que explicaba cómo los seres humanos utilizamos parte del medio que nos rodea para
hacer de él una extensión de nuestra mente, asignándole
un papel activo en el desarrollo de los procesos mentales. Esto ocurre, por ejemplo, cuando utilizamos las
aplicaciones de notas para recordad y tener siempre a mano información importante. Con esta
referencia, Zimmer quiere enfatizar que la mente no trabaja de manera
independiente del mundo en el que vivimos, sino que nuestro cerebro filtra y extrae de lo que observamos, solo la información que necesitamos para la realización de una determinada tarea. Por ello, no es tan fácil encontrar lo que realmente queremos cuando buscamos información en Google, aunque este haga parte del trabajo.
También me gustaría destacar al
bloguero y escritor Clive Thomson, otro defensor de las nuevas tecnologías y más
concretamente de las redes sociales. En el vídeo que podéis ver a continuación,
Thomson presenta su libro Smarter than you think: how technology is changing our minds for the better, publicado en 2013, donde habla de los beneficios que trae consigo el
poder compartir el conocimiento con los demás sin limitaciones. Asegura que
siempre encuentra cosas interesantes y creativas en lo que publica la gente a
través de las redes sociales como Facebook o Twitter y que leer opiniones
diferentes amplía nuestra visión del mundo.
Es cierto que nos distraemos más fácilmente y dependemos cada vez más del móvil y de Internet en nuestro día a día. Esto
influye negativamente a la hora de poder disfrutar de las cosas más básicas sin interrupciones como leer, mantener una conversación con amigos, disfrutar de la comida, estar a solas con tus pensamientos, etc. Esta falta de
concentración también se lleva observando desde hace tiempo dentro del aula. Algunos estudios afirman que la sobrestimulación digital dificulta a los jóvenes el enfrentarse a tareas complejas que requieren un esfuerzo mental prolongado. Pero creo que no hay que ser tan negativos, este problema no solo es debido a los estímulos
constantes que caracterizan a las nuevas tecnologías, es también el resultado de la falta de
motivación y la ineficacia de las metodologías que ponemos en práctica.
Tampoco estoy completamente de acuerdo con los defensores más fieles que he mencionado. No creo que Internet nos haga más inteligentes, pero sí que es una inmensa fuente de conocimiento que nos ofrece muchísimas más posibilidades de aprender, relacionarnos con los demás, entretenernos, etc.
Tampoco estoy completamente de acuerdo con los defensores más fieles que he mencionado. No creo que Internet nos haga más inteligentes, pero sí que es una inmensa fuente de conocimiento que nos ofrece muchísimas más posibilidades de aprender, relacionarnos con los demás, entretenernos, etc.
Aún así, como Nicholas Carr dice, es mejor estar advertidos de que algo está
cambiando en la forma de ser del ser humano con motivo de la
integración de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Debemos ser cautos y pararnos a
pensar en qué medida estos cambios nos benefician, nos mejoran, nos liberan... Y lo más importante, no ser ingenuos con respecto a las nuevas tecnologías, porque el hecho de que se
ajusten cada vez más a nuestra personalidad y nuestras necesidades se debe, en parte, a un interés económico, político y social de las empresas y Gobiernos
sobre nosotros.
Fuentes
consultadas:


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