lunes, 9 de septiembre de 2019

TÉCNICAS PARA UNA BÚSQUEDA EFICIENTE


        Hoy os traigo algunos consejos que podéis seguir y enseñar a vuestros alumnos para ayudarles a realizar búsquedas más eficientes cuando se trate de encontrar un tipo de información concreta o un dato específico. Para la asignatura, realizamos unas pequeñas “prácticas de búsqueda” para que explicáramos cómo habíamos conseguido dar con la información exacta que nos pedían. De esta forma, eres más conscientes de las herramientas que dispones y las distintas formas que hay de utilizarlas.

Primero de todo me gustaría dejaros este enlace para que echéis un vistazo a todos los comandos de búsqueda que existen para Google, aunque la mayoría de ellos también se pueden utilizar en otros buscadores, como el conocido entrecomillado para encontrar palabras o frases exactas o la fórmula “site:domino” delante de las palabras que queremos buscar en esa página en concreto. En la siguiente imagen, podréis ver el resumen de los comandos presentados en el enlace anterior.



A parte de los comandos de búsqueda, Google ofrece otro tipo de herramientas muy útiles a las que podemos sacar mucho partido. Por un lado, la búsqueda avanzada permite utilizar filtros muy específicos, sobre todo a la hora de encontrar páginas web o imágenes con unas particularidades muy concretas. Os animo a probar todas las opciones disponibles en la pestaña de “configuración”.


Fuente de la imagen: captura de pantalla


Por otro lado, podemos utilizar la versión específica Google académico si queremos encontrar información más fiable y contrastada científicamente, ya que analiza solo el contenido de libros y artículos publicados. Del mismo modo, también podemos aprovechar el servicio Google Maps si necesitamos alguna dirección o un dato concreto sobre a un lugar (un comercio, una calle, una ciudad).

Aún teniendo en cuenta todo esto, se aconseja igualmente que no nos excedamos en las palabras que introducimos en la barra de búsqueda y que utilicemos terminología técnica para llegar más fácilmente a la información que necesitamos y si no funciona, rediseñar la búsqueda, por ejemplo, reformulando la pregunta o pensando en cómo estarán escritas las posibles respuestas. 

Termino con este enlace muy interesante con algunas claves que hay que enseñar a nuestros alumnos antes de documentarse en Internet, pero lo más importante es que aprendan a ser críticos con la información que encuentren, así como con las fuentes donde esta aparece y que la contrasten para no dejarse llevar por el primer resultado que aparece ni por las líneas ideológicas de quien está detrás de este. 

domingo, 8 de septiembre de 2019

¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?

        

         El título de esta entrada es también el nombre de un libro que el profesor trajo a los foros de la asignatura para animar un debate sobre los efectos de Internet en el funcionamiento del cerebro, la inteligencia y la memoria del ser humano. En este sentido, hay opiniones muy diversas que representan las dos caras de una misma moneda.
Por un lado, el escritor estadounidense Nicholas Carr, autor de The shallows: what the Internet is doing to our brains (título original), presenta la visión más negativa de las nuevas tecnologías. En 2008, dos años antes de la publicación del libro, el señor Carr escribió un artículo muy controvertido para la revista digital The Atlantic donde confesaba que algo estaba cambiando su en cerebro y en su forma de pensar, ya que se había dado cuenta de que no podía concentrarse en una tarea como acostumbraba. Lo notaba sobre todo cuando leía y algunos de sus amigos académicos también confesaron este problema. Llegar a realizar una lectura profunda de un texto largo durante un par de horas le es ahora casi imposible y culpa a Internet y a todo el tiempo que pasa conectado, buscando, creando y compartiendo información. “Es como si mi mente se hubiera acostumbrado a la forma en la que la información aparece presentada en la Web” – afirma, preocupado por este cambio en la forma en la que su cerebro tiene de procesar la información.
Más allá de los problemas de distracción durante la lectura o de la dificultad de mantener el foco atención debido a los “micromensajes” que recibimos constantemente en nuestras pantallas, Nicholas Carr augura que esta dependencia a las nuevas tecnologías nos afectará de una manera muy profunda a la hora de poder llegar a los niveles cognitivos y emocionales (complejos, pero a la vez muy gratificantes) que hacen evolucionar nuestra inteligencia y ser más felices. Nos hemos vuelto más eficientes procesando información, pero menos capaces de profundizar en ella, en nuestros pensamientos y en nuestras emociones. Vean si no lo que dice en esta reciente entrevista traducida al español.


Por otro lado, hay quienes afirman todo lo contrario y ven, en los avances tecnológicos, una oportunidad para mejorar nuestras capacidades cognitivas y convertirnos en seres más inteligentes. Es el caso del grupo de investigación Pew – con sede en Washington DC – que estudia, entre otros temas, los problemas y las tendencias actuales sobre Internet y tecnología. En desacuerdo con las ideas de Carr, el mismo año de la publicación de su libro, el Pew Internet and American Life Project lanzó una encuesta online a unos 900 expertos para analizar estadísticamente sus impresiones sobre cómo influiría Internet en nuestras vidas desde entonces hasta 2020. Entre las opciones, se incluían afirmaciones que hacían referencia directa a la pregunta tan controvertida de Nicholas Carr, que dío nombre a su artículo en The Atlantic: "Is Google Making Us Stupid?" El 76% de los expertos encuestados no estaba de acuerdo con la idea de que Google nos haría más “tontos”. Pensaban justo lo opuesto, que el acceso inmediato a la gran cantidad de información nos volvería más inteligentes al ofrecernos la posibilidad de hacer mejores elecciones. Solo el 21% de los encuestados respondió que Carr estaba en lo cierto.


El periodista y escritor Carl Zimmer también defiende el lado positivo de las nuevas tecnologías. En un artículo publicado para Discover vuelve a traer el concepto de “extended mind” utilizado por primera vez en 1998 por los filósofos y profesores Andy Clark y David Chalmers en un ensayo que explicaba cómo los seres humanos utilizamos parte del medio que nos rodea para hacer de él una extensión de nuestra mente, asignándole un papel activo en el desarrollo de los procesos mentales. Esto ocurre, por ejemplo, cuando utilizamos las aplicaciones de notas para recordad y tener siempre a mano información importante. Con esta referencia, Zimmer quiere enfatizar que la mente no trabaja de manera independiente del mundo en el que vivimos, sino que nuestro cerebro filtra y extrae de lo que observamos, solo la información que necesitamos para la realización de una determinada tarea. Por ello, no es tan fácil encontrar lo que realmente queremos cuando buscamos información en Google, aunque este haga parte del trabajo.

También me gustaría destacar al bloguero y escritor Clive Thomson, otro defensor de las nuevas tecnologías y más concretamente de las redes sociales. En el vídeo que podéis ver a continuación, Thomson presenta su libro Smarter than you think: how technology is changing our minds for the better, publicado en 2013, donde habla de los beneficios que trae consigo el poder compartir el conocimiento con los demás sin limitaciones. Asegura que siempre encuentra cosas interesantes y creativas en lo que publica la gente a través de las redes sociales como Facebook o Twitter y que leer opiniones diferentes amplía nuestra visión del mundo.


Es cierto que nos distraemos más fácilmente y dependemos cada vez más del móvil y de Internet en nuestro día a día. Esto influye negativamente a la hora de poder disfrutar de las cosas más básicas sin interrupciones como leer, mantener una conversación con amigos, disfrutar de la comida, estar a solas con tus pensamientos, etc. Esta falta de concentración también se lleva observando desde hace tiempo dentro del aula. Algunos estudios afirman que la sobrestimulación digital dificulta a los jóvenes el enfrentarse a tareas complejas que requieren un esfuerzo mental prolongado. Pero creo que no hay que ser tan negativos, este problema no solo es debido a los estímulos constantes que caracterizan a las nuevas tecnologías, es también el resultado de la falta de motivación y la ineficacia de las metodologías que ponemos en práctica. 

Tampoco estoy completamente de acuerdo con los defensores más fieles que he mencionado. No creo que Internet nos haga más inteligentes, pero sí que es una inmensa fuente de conocimiento que nos ofrece muchísimas más posibilidades de aprender, relacionarnos con los demás, entretenernos, etc.

Aún así, como Nicholas Carr dice, es mejor estar advertidos de que algo está cambiando en la forma de ser del ser humano con motivo de la integración de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Debemos ser cautos y pararnos a pensar en qué medida estos cambios nos benefician, nos mejoran, nos liberan... Y lo más importante, no ser ingenuos con respecto a las nuevas tecnologías, porque el hecho de que se ajusten cada vez más a nuestra personalidad y nuestras necesidades se debe, en parte, a un interés económico, político y social de las empresas y Gobiernos sobre nosotros.

Fuentes consultadas:

martes, 3 de septiembre de 2019

¿Es Google un ADM?




Muchas de las ideas de Eric Pariser también las comparte la doctora Cathy O’Neil, matemática por la universidad de Harvard, en su libro Armas de Destrucción Matemática: cómo el BIG DATA aumenta la desigualdad y la democracia (2017).

La autora asegura que los algoritmos están empezando a dirigir nuestras vidas, a veces de manera injusta. Lo demuestra presentando casos reales de algunos sistemas matemáticos que han influido o están influyendo en la vida de muchas personas llegando a determinar, por ejemplo, a qué universidad irán, el trabajo que conseguirán, si podrán comprar un coche o contratar un seguro e incluso presionar en el voto ante unas elecciones nacionales.

El caso más sonado que introduce el libro en las primeras páginas y que vuelve a mencionar Cathy O’Neil en una entrevista que concedió al periódico El País hace aproximadamente un año, es el del sistema de evaluación del personal docente que se implantó en los distritos escolares más deficientes de Washington D.C. a finales del curso académico 2009/2010. Este modelo matemático partió de la idea de que el rendimiento académico de los alumnos dependía mayoritariamente de la eficacia de sus profesores, así que utilizaba las notas de los alumnos para calificarlos. Si las notas del grupo eran bajas, el docente recibía una mala calificación y, por lo tanto, tenía más riesgo de ser despedido. En el curso 2010/2011 se despidieron a 205 docentes considerados “malos profesores” según el algoritmo del sistema. Este fue el caso de Sara Wysocki, una maestra primaria que, a pesar de que siempre había recibido muy buenos comentarios de su práctica educativa, fue despedida ese año (2017:12-14).

Uno de los grandes problemas de estos sistemas es el “secretismo” que, como menciona O’Neil en la entrevista, en el caso del sistema de evaluación del profesorado, impedía a los docentes reclamar su puntuación: era demasiado difícil explicar de dónde venían esos número porque nadie sabía cómo funcionaba exactamente el algoritmo (2017:17). Esta falta de transparencia es una de las cualidades que definen lo que O’Neil considera un “Arma de Destrucción Matemática” (ADM en adelante).

Un ADM es básicamente un modelo matemático opaco, como el que acabamos de explicar, e injusto, pues perjudica sin motivo a muchas personas, normalmente las más vulnerables, pero también a la clase media. Además, posee un nivel de influencia potencialmente expandible a ciertos sectores básicos como son la contratación, la banca, las administraciones públicas de educación, sanidad, justicia, etc. Por otro lado, son considerados “bucles de retroalimentación perniciosos” ya que “las puntuaciones que asignan a las personas ayudan a crear, en cierto modo, el entorno en el que se justifican” (2017:41). Estas últimas características se ven claramente reflejadas en el modelo que determina el riesgo de reincidencia de los reclusos, instalado en la mayoría de prisiones de los Estados Unidos de América, el cual muchos jueces tienen en cuenta para asignar el tiempo de condena en la sentencia.

Se basa en un cuestionario que recoge datos relevantes como los antecedentes del incriminado, su papel en el delito, la relación de este con el consumo de drogas... Pero también otras informaciones relativas a la vida y entorno del mismo, como el lugar de donde procede, la primera vez que tuvo contacto con la policía, si sus familiares o amigos han tenido problemas con la justicia, etc. En cierto modo, es injusto valorar el contexto socio-económico donde ha vivido el recluso, pues hace que reciba una puntuación alta de riesgo de reincidencia y que, por consiguiente, su condena sea más larga que la que le asignarían a una persona que ha cometido el mismo crimen, pero que se haya criado en un barrio de clase acomodada. Además, el hecho de que pase muchos años en prisión disminuirá las posibilidades de que encuentre un trabajo estable al salir de la cárcel, por lo que será más probable que recurra a acciones poco legales para buscarse la vida y termine por ser arrestado de nuevo. Una consecuencia que justifica los resultados del sistema de riesgo de reincidencia (2017:39, 38).

El mundo la inteligencia artificial y el BIG DATA se expande a muchos sectores porque los algoritmos son muy eficaces y ahorran mucho tiempo y dinero las empresas y/o administraciones, pero ¿hasta qué punto estos algoritmos más justos que el juicio humano que al intentan sustituir?

La falsa apariencia de justicia y objetividad de un resultado numérico que proporciona un ADM – nutrido con datos “sustitutivos” como la geolocalización, la raza, los miembros de tu familia, la calificación crediticia, el comportamiento de otras personas en una situación similar, etc. – es lo que intenta denunciar la autora de este libro. A pesar de que un algoritmo es solo una fórmula matemática, estos son diseñados por los humanos, por lo que terminan por reflejar los perjuicios e ideologías de quienes están detrás. Puede que en cierta medida los matemáticos, pero también las empresas que los contratan y que determinan, en última instancia, lo qué es importante y lo que no.

Por eso no podemos seguir pensando que Google es completamente neutral, es una empresa con unos intereses y objetivos propios que marcan el funcionamiento del buscador y de los filtros que establece. A veces, por estos filtros se escapan, tal vez de manera involuntaria, perjuicios o estereotipos discriminatorios derivados del trabajo de sus ingenieros, “la mayoría hombres blancos y asiáticos” como asegura  el periodista Daisuke Wakabayashi para el New York Times 1.Un claro ejemplo de los resultados “racistas de Google ocurrió en 2015, cuando el algoritmo que clasificaba automáticamente las imágenes de la aplicación Google Photos etiquetó a una pareja negra como “gorilas”. Una de las víctimas compartió una captura de pantalla para demostrarlo. Google pidió disculpas y arregló el incidente que se hizo viral, aunque esto no quiere decir que no siga ocurriendo. Muchos de estos incidentes ocurren porque el buscador no entiende todas las connotaciones lingüísticas del lenguaje natural humano y a veces muestra una lista de resultados desafortunados cuando escribimos que puede tener varias interpretaciones.

Está claro que la injusticia siempre ha existido y deriva de la maldad humana. Sin embargo, el hombre es capaz de distinguir lo que está bien de lo que está mal, aprender y evolucionar, cambiar de opinión y tomar otras decisiones. Es por ello que no podemos dejar en manos del BIG DATA aspectos tan importantes para la vida y la sociedad.

En cuanto a la pregunta con la que hemos titulado a este entrada, Cathy O’Neil afirma que no puede asegurar si Google es un ADM o no pero sí es cierto que, al igual que Facebook, tiene mucho poder y pueden contribuir al funcionamiento de un ADM: la “publicidad depredadora”. Este nuevo estilo de marketing orientado al consumidor se sustenta de las grandes cantidades de datos que desvelamos en la red, llegando incluso a aprovecharse nuestras debilidades para vendernos sus productos en el momento  y lugar adecuado. La gente sin recursos, con grades necesidades, los más ignorantes o los que está pasando por sus peores momentos son el objetivo más fácil de estos “anuncios depredadores”.

Fuentes consultadas:
O’NEIL, C. (2017). Armas de Destrucción Matemática: cómo el BIG DATA aumenta la desigualdad y amenaza la democracia. Traducción de Violeta Arranz de la Torre. Madrid: Capitán Swing Libros, S.L.

martes, 27 de agosto de 2019

La burbuja de filtros


“Pocas personas se percataron de la entrada que apareció en el blog corporativo de Google el 4 de diciembre de 2009. No buscaba llamar la atención; ni pronunciamientos llamativos, ni anuncios impactantes de Silicon Valley, tan solo unos párrafos de texto entre un resumen de los principales términos de búsqueda y una actualización relativa al software financiero de Google.

Pero no todo el mundo lo pasó por alto. Danny Sullivan, editor del blog tecnológico Search Engine Land […] escribió que se trataba del “mayor cambio que se había producido en los buscadores”. Para Danny, el título lo decía todo: “Búsquedas personalizadas para todos”. A partir de esa mañana, Google utilizaría 57 indicadores – desde el lugar en el que te hubieras conectado o el  navegador que estuvieras utilizando hasta lo que hubieras buscado antes – para conjeturar quién eres y qué clase de páginas te gustan. Incluso si no habías iniciado ninguna sesión, personalizaría sus resultados, mostrándote las páginas en las cuales, según predecía, harías clic con más probabilidad”.

Páginas 11, 12 de El Filtro Burbuja de Eli Pariser (2017)

Primeras líneas de unos de los libros que ya he mencionado en alguna ocasión y que se trajo al foro de clase para abrirnos los ojos sobre cómo está evolucionando el mundo digital y cómo estos cambios están afectado, de algún modo, a nuestras vidas y a la sociedad en la que vivimos. A continuación, os presento una charla del mismo autor en TEDtalks donde resume brevemente lo que fue uno de sus mayores descubrimientos.



 La burbuja de filtros es lo que crece detrás de esa personalización tan perseguida por los gigantes de Internet como Google, Facebook, Amazon o Netflix; así como por muchas Apps que utilizamos y cualquier portal de noticias actualmente. Lejos queda el anonimato del mundo digital en 1998 que describía la famosa viñeta del New Yorker. Ahora Internet “es una herramienta para recopilar y analizar nuestros datos personales” (2017:15).



¿Cómo se recopila nuestra información?

Estas empresas, sobre todo páginas web de compra-venta, redes sociales y aplicaciones, invierten mucho dinero en crear bases de datos con información personal de cada uno de sus clientes para usarla con fines publicitarios y/o económicos. Guardan principalmente tu localización, idioma, número de teléfono, correo electrónico y todos los datos relacionados con nuestros movimientos en Internet – historial de búsquedas y de visitas – los cuales se recopilan gracias a las “cookies”, una especie de microprogramas que se descargan automáticamente cuando nos ponemos a navegar en una página web1. La cuestión es que no nos queda más remedio que aceptar su descarga para seguir consultando contenido por la página si éste nos interesa realmente.

Es ahí donde encontramos el origen de la inmensa cantidad de publicidad que nos bombardea cuando buscamos un vuelo, miramos un hotel o queremos comprar cualquier producto. Te sales de la página de una aerolínea y podrás estar varios días observando anuncios de agencias, estancias en país de destino, actividades para realizar, etc. en cualquier sitio que visites posteriormente. ¡Incluso puede que haya subido el precio del trayecto si vuelves a consultarlo un par de horas después! Esto es lo que llamamos anuncios personalizados o selectivos y está revolucionando el mundo de la publicidad.   

La verdad es que, teniendo todo esto en cuenta, no me sorprendió cuando este verano saltó la noticia de que Google escucha el 0,2% de las conversaciones de sus usuarios con Google Assitant para mejorar, a priori, el funcionamiento de este asistente virtual. Pese a que a los trabajadores firman un contrato de confidencialidad para transcribir solo lo que se le pide a Google Assistant, algunos de ellos han asegurado que a veces los micrófonos saltan sin más y oyen lo que los usuarios hablan sin ser verdaderamente conscientes de que son escuchados. Técnicamente es legal pues aparece en los términos y condiciones que aceptamos antes de usar la herramienta. Por ello, se aconseja configurar nuestra cuenta antes de iniciar sesión en cada una de las herramientas que usemos (servicios de Google u otros), como ya mostramos en el post anterior.

En cualquier caso, personalización y privacidad son dos conceptos que van de la mano, por lo menos en lo que a Google, respecta. Gracias a nuestros datos personales, construye un perfil de comportamiento para darnos “lo que queremos”. Esta forma personaliza de consumir información está ya tan extendida que la pantalla que tenemos frente a nosotros se ha convertido en un reflejo de lo que somos, de nuestra ideología, de nuestros gustos e intereses. Mirándolo por el lado positivo, se gana nuestra fidelidad al satisfacer nuestras necesidades, pero desgraciadamente trae también consigo una consecuencia peligrosa: aislarnos en nuestra “burbuja de filtros” y limitar los conflictos cognitivos que nacen de la confrontación de ideas diferentes y nuevas informaciones para desarrollar nuestra creatividad y ampliar nuestro entendimiento del mundo.

Para mí, el mayor problema reside en que el proceso de personalización es opaco y se retroalimenta. Los algoritmos no nos muestran lo que entra o lo que se elimina de nuestra “burbuja de filtros” ni el porqué. ¡Lo hacen sin consultarnos! Además, es difícil salir de ella, pues nuestra forma de pensar seguirá determinando nuestros clics y no clics.

Estoy de acuerdo con lo que él mismo dice, debería haber más transparencia por parte de las páginas web, de los buscadores, de las redes social y la posibilidad de un "control compartido" entre estas y el usuario para decidir qué queremos ver y qué queremos obviar. También comparto las ideas de mis compañeros: debemos ser siempre críticos con nuestras búsquedas, con la información que encontremos y con las páginas que visitemos para que la red no sea la única que decida lo que leemos y lo que pensemos.

¿Qué pensáis vosotros sobre la Burbuja filtros? 

Fuentes consultadas:

Pariser, Eli (2017). El filtro burbuja: cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos. Barcelona: Penguin Random House Group Editorial. Traducción de Mercedes Vaquero.


lunes, 26 de agosto de 2019

RECORDATORIO DE PRIVACIDAD DE GOOGLE


Aunque no era la entrada prevista, me pareció importante este anuncio que apareció en mi pantalla antes de hacer la primera búsqueda en Google desde un navegador distinto a Chrome, esta vez Firefox. Posiblemente sea algo que hayas pasado por alto la primera vez que utilizaste Google como me ocurrió a mí, pero ahora lo traigo para los interesados en investigar sus políticas de empresa, donde se habla de conceptos como la seguridad, la privacidad y la personalización. Como veréis, nos ofrece cierto control para configurar muy ligeramente el uso de nuestros datos. 

¡Buena lectura a tod@s!

* * *

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Datos que tratamos cuando utilizas Google
  • Cuando buscas un restaurante en Google Maps o ves un vídeo en YouTube, por ejemplo, tratamos información sobre esa actividad, como el vídeo que has visto, los ID de los dispositivos, las direcciones IP, los datos de las cookies y la ubicación.
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¿Por qué los tratamos? Tratamos estos datos con la finalidad que se describe en nuestra política como, por ejemplo:
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  • Llevar a cabo analíticas y mediciones para averiguar cómo se utilizan nuestros servicios. También contamos con partners que evalúan su uso. Obtén más información sobre estos partners de medición y publicidad.

Combinación de los datos

También combinamos datos entre nuestros servicios y todos tus dispositivos para estas finalidades. Por ejemplo, utilizamos datos extraídos de billones de consultas de búsqueda para crear modelos de corrección ortográfica que utilizamos en todos nuestros servicios, y combinamos datos para avisarte a ti y a otros usuarios de posibles riesgos de seguridad.

Controles de privacidad

Hay varios controles de privacidad que puedes usar, incluso sin iniciar sesión, para conseguir la experiencia de Google que desees.

Controla si los resultados de búsqueda se ven afectados por la actividad de búsqueda en este navegador: AQUÍ

Ajusta los tipos de anuncios que ves en Google: AQUÍ

Elige si quieres que tu experiencia de YouTube se vea influida por la actividad de búsqueda y visualización que realizas en la plataforma con este navegador: AQUÍ 



Consejo: Si inicias sesión en tu cuenta de Google antes de aceptar, recordaremos tu elección en todos los dispositivos y navegadores en los que inicies sesión.

viernes, 23 de agosto de 2019

¡Pregúntale a Google!


¡Hola de nuevo! Aquí os traigo la segunda parte del post sobre buscadores. Finalmente decidí dividir la información para poder dedicarle más atención al buscador que destaca entre todos ellos: ¡Google! ¿Quién no le ha preguntado alguna vez alguna duda sobre una fecha, un nombre, un tutorial, etc?

Ahora bien, ¿por qué es Google el buscador más utilizado? ¿Es el mejor buscador? ¿Qué nos ofrece éste que no tienen otros buscadores? Os animo a reflexionar sobre las características y herramientas que tiene este gigante de la web al que todos recurrimos constantemente. Hablaremos de él con frecuencia 😊

* * *

No hay que confundir lo que es un buscador (Google, Bing, Yahoo!) de lo que es un navegador (Internet Explorer, Firefox, Chrome). Ya explicamos lo que era. Yo solía utilizar únicamente Google porque es el buscador que viene instalado por defecto en mi móvil Android y en el navegador Chrome que utilizo en el ordenador (navegador desarrollado por Google). Si es verdad que Google me parece fácil de usar y tiene aplicaciones muy interesantes que me facilitan el trabajo. Con la cuenta de correo Gmail puedes registrarte y disfrutar de otros servicios como la plataforma de almacenamiento Google Drive, el GPS de Google Maps, reproducción de videos con YouTube, grabación de pantalla con Loom, llamadas, videollamadas y servicio chat con Hangout, etc.

Diseño y extensiones aparte, podemos considerar la calidad de los resultados de este buscador – creado hace ya 21 años – teniendo en cuenta varios factores. Por un lado, su rapidez. Por otro lado, su índice de cobertura: Google registra el mayor número de páginas web si lo comparamos con otros buscadores (828.000 resultados al teclear “interinidad” frente a los 389.000 resultados que aparecen en Bing con la misma palabra). Pero sobre todo, destaca por su precisión a la hora de predecir las intenciones del usuario. Esto es así gracias a su algoritmo secreto llamado PageRank.



Cada buscador utiliza su propio algoritmo para obtener un resultado numérico que les sirva para clasificar, indexar y ordenar los resultados de una búsqueda. Aunque la empresa haya intentado explicar, muy superficialmente, cómo funciona, la fórmula matemática del PageRank es el mejor secreto guardado de los creadores de Google, Larry Page y Sergey Brin. Se podría decir que actúa en dos direcciones:

1.    Busca coincidencias de las palabras clave que escribimos con el contenido de las páginas que tiene indexadas en milésimas de segundo.
2.    Valora las páginas que coinciden de acuerdo con una serie de criterios para ordenarlas en una lista de resultados de manera que los primeros que vemos son los mejores resultados puntuados por el PageRank.

Este algoritmo puede llegar a utilizar hasta 200 factores para determinar el orden de los resultados que nos muestra. Entre ellos se encuentran:  el tiempo que dominio se mantiene en uso; las palabras clave que aparecen en él, número y posición de las mismas; la extensión de la página de acuerdo con el país desde donde se hace la búsqueda; la calidad de los enlaces, archivos y referencias citadas; si la página incluye información sobre los creadores o formas de contacto; si se actualiza regularmente, etc.

En esta misma línea, Google también hizo pública la guía oficial que utilizaba para evaluar la calidad de un sitio web, allá por el 2015, aunque advirtió que no era algo definitivo pues es un proceso en constante evolución. Esta guía se llama “Search Quality Rating Guidelines” y se puede consultar en estas páginas:


Según los autores de estos artículos, Google se centra básicamente en analizar cómo la página consigue su propósito para la que fue creada. Uno de ellos enumera lo que Google considera más importante: compartir información (personal o sobre cualquier tema), expresar un punto de vista, permitir que los demás pregunten y opinen, vender productos, compartir archivos, etc. También se dice que Google utiliza un algoritmo más estricto de lo normal para analizar las llamadas páginas YMYL (“Your Money or Your Life”) que tratan los temas más influyentes para los usuarios como la salud, la felicidad o las finanzas.  

Otro de los aspectos más valorados por Google son los movimientos de cada usuario para interpretar nuestros deseos e intereses. Aquí entra en juego otro algoritmo llamado RankBrain con el que se almacena y analiza nuestro historial de navegación, los clics que hacemos y cómo solemos reaccionar ante los resultados que nos ofrece; además de una gran cantidad de datos personales que los algoritmos van recibiendo como retroalimentación para mejorarse constantemente.

Teniendo todo esto en cuenta ¿pensáis que los resultados de la primera página son siempre los más fiables? Según Google sí, pero paralelamente también son los más relevantes para que éste gane dinero. No tenemos que olvidar que Google es una empresa y que todos estos servicios gratuitos que nos ofrece son al fin y al cabo una estrategia pensada para obtener beneficios.

La empresa ha desarrollado un importante negocio de publicidad en torno al motor de búsqueda utilizando su índice de cobertura para captar empresas dispuestas a pagar por aparecer en la primera página, justo en los primeros resultados. Google les garantiza llegar al mayor número posible de clientes potenciales. Estos enlaces se diferencian de los resultados “orgánicos” con un pequeña cuadro informativo donde pone “anuncio”.

Captura de pantalla en Google

Llegados a este punto, me gustaría entrar a comentar cómo el funcionamiento de estos algoritmos como el PageRank de una página podrían afectar a alguien que es tanto usuario como creador de una página web (sobre contenido o  un negocio). Por un lado, puesto que la mayoría de usuarios no pasan de la prime página de resultados (estadisticamente el 91,5% de los clics son para los 10 primeros resultados), me preocuparía no aparecer en ésta pues no podría dar a conocer mi empresa o mis publicaciones. Por suerte, existen personas especializadas llamadas Search Engine Evaluators que trabajan para solucionarlo. Analizan tu caso y te recomiendan una serie de técnicas y cambios (Search Engine Optimization)  orientados a mejorar el ranking de tu de tu página web en la lista de resultados de cualquier buscador.

       Por otro lado, como usuario también me inquieta que, al igual que para Facebook y otros gigantes de la Web, seamos “productos” y que a raíz de sus políticas de empresa haya aumentado el grado de desprotección de la privacidad al que estamos sometidos debido al uso de información personal que recogen gracias a las cookies. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a hacer pública nuestra vida? ¿La privacidad tiene un límite?


      Me permito terminar con estas preguntas para la reflexión y una cita reveladora que encontré en el libro El filtro burbuja: cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos (2017) de Eli Pariser, del cual hablaremos en la próxima entrada del blog. 




Si no pagas por algo, no eres el cliente, sino el producto que se vende.
Andrew Lewis, 
bajo el seudónimo Blu_beetle,
en la página web Metafilter

Fuentes consultadas:

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